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lunes, 10 de julio de 2017

Zetas usan prisión como cámara de tortura: “Me arrancaron las uñas, me quemaban”




La pesadilla arrancó en noviembre de 2011 cuando viajó, invitada por un pretendiente, desde Reynosa a la vecina ciudad de Nuevo Laredo, en el estado de Tamaulipas, para pasar el fin de semana, pese a la advertencia de su madre: “No te vayas con ese hombre”. Norma y Juan Manuel y Ricardo fueron detenidos por hombres uniformados y armados. El “comandante” le dijo a la mujer: “Vente conmigo 15 días y te soltamos”. Ella se negó y el oficial le respondió: “Pues vas a quedar detenida por apretada”.

Los detenidos fueron recluidos en el Centro de Ejecución de Sanciones de Nuevo Laredo, donde Los Zetas mandan y los guardias están a su servicio. Norma sufrió ocho días de torturas y abusos sexuales. “A diversas horas del día me golpeaban. Querían que les confesara que yo era parte del Cártel del Golfo”, dijo. 

Cuando fue dada de alta, las autoridades ordenaron su regreso a la prisión de Nuevo Laredo, lo que motivó que su padre, Sergio Mendoza Gómez, pidiera la intervención de la Comisión Estatal de Derechos Humanos  y enviara cartas al Presidente Enrique Peña Nieto con fotos de las lesiones de su hija. La Presidencia, dice Norma, nunca respondió y la CEDH se encargó de mantener en secreto su caso, como muchos otros en Tamaulipas.

Norma Mendoza estaba en el lugar y el momento equivocado. Se atravesó en el camino de un grupo de militares que la acusaron de ser espía de un cártel y allí comenzó un calvario que no termina porque, aunque recuperó su libertad, su paso por la prisión la marcó de por vida.

Norma Mendoza López fue la primera mujer mexicana certificada por el Protocolo de Estambul, en 2012. Se confirmó que la mujer sufrió tortura en una prisión en Nuevo Laredo, donde fue encerrada después de que el Ejército Mexicano la acusó de un falso delito.

En entrevista con Efe, esta madre mexicana de cuatro hijos cuenta que en 2011 fue detenida injustamente por miembros del Ejército, acusada de ser “halcón” (vigilante del crimen organizado), y torturada en prisión por integrantes del cártel de Los Zetas hasta que creyeron que estaba muerta.

La pesadilla arrancó en noviembre de 2011 cuando viajó, invitada por un pretendiente, desde Reynosa a la vecina ciudad de Nuevo Laredo, en el estado de Tamaulipas, para pasar el fin de semana, pese a la advertencia de su madre: “No te vayas con ese hombre”.

Allí se encontró con Juan Manuel y se hospedaron en un hotel donde también estaba alojado Ricardo, un amigo de su pretendiente.

Norma recuerda que salió de su habitación rumbo a una tienda y cuando pasó por la piscina un grupo de hombres le invitaron a bañarse con ellos.

Al día siguiente, ella, Juan Manuel y Ricardo fueron detenidos por los hombres de la piscina, quienes ahora estaban uniformados y armados. El “comandante” le dijo a la mujer: “Vente conmigo 15 días y te soltamos”. Mendoza se negó y el oficial le respondió: “Pues vas a quedar detenida por apretada”.

El subteniente Sergio Luna García, adscrito al Décimo Noveno Regimiento de Caballería con sede en Nuevo Laredo, entregó a la Fiscalía estatal a los “tres civiles, dos radios Nextel, tres teléfonos celulares”.

En el parte militar, del que Efe tiene una copia, especificó que hacia “las 14:30 horas del 12 de noviembre del 2011 circulaba sobre la avenida Reforma, cuando a distancia nos percatamos de la presencia de tres personas, dos del sexo masculino y una del sexo femenino”, quienes “hablaban por teléfono”.