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miércoles, 12 de septiembre de 2018

Canelo irá por el KO ante Golovkin

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Las Vegas.— Una mañana de marzo, Saúl Álvarez se despertó con una noticia que lo obligó a no tomar el desayuno. Un par de exámenes antidopaje, a los que se sometió de manera voluntaria, arrojaron presencia de clembuterol en su cuerpo, sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje, que en repetidas ocasiones ha castigado con meses de suspensión a deportistas amateurs y profesionales.

De inmediato, la pelea de desempate entre el Canelo y Gennady Golovkin, pactada para el 5 de mayo, entró en terapia intensiva debido al dopaje que la misma empresa del mexicano reveló en un comunicado. Golden Boy detalló que la causa fue el consumo de carne contaminada, un problema de salud pública en México.

De acuerdo con palabras del tapatío, el dopaje sucedió en una época sin entrenamientos y con dieta menos rigurosa.

Los argumentos poco importaron para el equipo de Golovkin, que comenzó una campaña de desprestigio contra el mexicano. Golpes verbales por parte del kazajo y su entrenador Abel Sánchez maltrataron la reputación de Álvarez, cansado de defenderse hasta un mes antes del 5 de mayo. La pelea murió.

En una audiencia privada, La Comisión Atlética de Nevada anunció lo que era un secreto a voces: una suspensión de seis meses para Álvarez.

La cancelación del 5 de mayo echó abajo millones de dólares de ganancia para ambos peleadores. Un triunfo moral para Golovkin, quien, al perder dinero, ganó las riendas para negociar el nuevo combate, que se efectuará este sábado en la T-Mobile Arena.

De los 20 millones de dólares que ganó en septiembre contra Canelo —se embolsó 50 mdd—, Golovkin equilibró la bolsa del 15 de septiembre y ahora cobrará el 47 por ciento de las ganancia.

GGG golpeó la cartera de Álvarez. El mexicano llegó enojado a Las Vegas.

“No sé el tipo de negocio que quieran Golovkin y su equipo. Ya sobrepasaron la línea y ya es personal; me motiva”, reconoció.

Canelo cedió más que dinero. En sus planes estaba aprovechar el reflector para estrenar su marca de guantes No Boxing, No Life; la esquina de enfrente logró echarla abajo, como otras condiciones.

“Buscan excusas porque les viene la derrota. Para el día de la pelea querían una barrera u otro vestidor porque hacemos mucho ruido. Los guantes, la barba, el vendaje, el himno nacional y un sinfín de cosas. Sólo dejaron al juez que les dio el gane a ellos [hace un año]”, contó el jalisciense, quien prometió un nocaut para recobrar su credibilidad.

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