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lunes, 3 de septiembre de 2018

Niño orador domina miedo de hablar en público

Querétaro.—El piccolino orador, un niño de nueve años, que más de la mitad de su vida ha pisado los escenarios de los que llegan a tribunos, se dirige a jóvenes universitarios y les transmite su idea de cómo dominar el monstruo, el miedo, dice, de hablar en público.

Sebastián Morales Hernández, de la Academia Hablando el Corazón de Oaxaca, se para al centro de escenario donde hace 102 años, diputados electos por las armas de la Revolución mexicana discutieron con pasión palabra por palabra de la Constitución; allí mismo jefes del Estado mexicano y líderes parlamentarios han dirigido mensajes sobre el curso de la nación.

Atrás de Sebastián, en letras de oro se rinde homenaje en un muro de honor a los nombres de los constituyentes. En la diputación del Distrito Federal, el quinto prócer es Félix F. Palavicini, fundador de EL UNIVERSAL.

Aquí, en este santuario de la república, que es propiedad del Senado, El Gran Diario de México lleva a cabo su Concurso Nacional de Oratoria EL UNIVERSAL 2018, y en sus trabajos de hoy, junto con los finalistas han participado el niño Sebastián Morales Hernández; el indígena Domingo Mateo Vázquez quien disertó en náhuatl; el campeón chileno Jorge Gacitúa Muñoz, y el también veterano de la palabra Osiris Ramírez Prado.

Orador desde los cuatro años, Sebastián dice que “los buenos momentos de la oratoria son incontables, como viajar a muchas ciudades de México; hacer amistades lejanas muy cercanas. He ganado premios y medallas que me distinguen como un niño participativo y parlanchín”.

Confiesa: “Pero también he vivido los malos momentos de la oratoria. No todo podría ser de color rosa, como que detras de un armario emerge un monstruo para robarse la calma”.

Domina la escena, atrapa la atención, con voz modulada y ademanes sencillos. Agrega: “Lo bueno sale cuando soy humilde, cuando veo que puedo ayudar a otros niños y niñas de mi salón a mejorar su forma de hablar”.

La experiencia tropieza. “El problema está cuando yo mismo le abro la puerta a ese monstruo lleno de moquitos verdes y verrugas y con pus morada”.

Se detiene un poco, explica: “Así yo lo veo desde mi imaginación, pero en realidad son acciones como creerse mucho y poner cara de insoportable en una discusión”.

Ello ocurre, “por creer que al hacer oratoria nos ponemos como minipolitiquitos o minigobernadores o minipresidentes. Pero lo peor es que no de los buenos, de los pedantes, de los groseros”.

Los concursantes y el público, muchos estudiantes de Bachillerato, siguen la idea del miniorador: “Me han dicho que dijera cuál ha sido mi secreto para ahuyentar (los monstruos del miedo). ¿Quieren saber cuál es?  Me río de mí mismo y sobre todo pongo mis piececitos en la tierra, como mi mami me lo ha enseñado y como mi academia, allá en Oaxaca”.

Y alza la voz con un deseo de camarada: “Que este concurso lo gane quien concurse con amor”.

Osiris Ramírez Prado, tricampeón nacional de oratoria. Que tiene medallas de primer lugar en declamación y debate público, dirige un exhorto a los concursantes: “Ya son ustedes el verbo de una sociedad que habla, ya son ustedes los jilgueros de una sociedad que canta, ya son ustedes los guerreros y artífices de una república que habla y que exige y que demanda justicia, libertad, trabajo, educación, cultura y paz para los mexicanos”.

Aconseja: “Escuchen, oigan, atiendan el consejo de sus padres, sus abuelos, de los que ya transitaron el camino de la oratoria o de la vida y que les permiten a ustedes construirse”.

Es claro, agrega, que “son ustedes una nueva generación de oradores que nos demuestran que un concurso de oratoria reclama espacio para la juventud libre y apoderada de una palabra que quiere decir algo”.

Ustedes hablan por una necesidad ontológica de expresarse, hablan porque tienen en su mente algo sagrado qué expresar”. Les dice que con la oratoria podrán reclamar su espacio en la historia.

Y les hace ver que “nuestros padres fundadores, que están en estas paredes, nos recuerdan constantemente que la misión de todo mexicano que estudia, lee, pule su leguaje, que honra su palabra con el ejemplo, está destinado a los más grandes sitiales de la historia”.

ml

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