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jueves, 11 de octubre de 2018

Felipe Muñoz, la sorpresa de 1968

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La Alberca Olímpica Francisco Márquez registraba sobrecupo para presenciar la final de 200 metros pecho, la última prueba del día.

El 22 de octubre de 1968, un nadador mexicano de 17 años de edad, a quien apodaban el Tibio, de nombre Felipe Muñoz Kapamas, daba la gran sorpresa tras avanzar a la final con el mejor tiempo de los heats eliminatorios.

Felipe saldría desde el carril cuatro. A su derecha, Vladimir Kosinsky, poseedor del récord mundial de la categoría, y a su izquierda, el estadounidense Brian Job. Además los soviéticos Nikolai Pankin y Yevgeny Mikhailov y el alemán Egon Henninger. Todos potencias internacionales, pero Muñoz no se intimidaba.

Con tiempo de 2:28:07 minutos y una remontada espectacular en los últimos 25 metros, el Tibio rebasó a Kosinsky y consiguió la única medalla de oro que posee un nadador mexicano en unos Juegos Olímpicos.

¿Cómo fue la preparación para llegar a los Juegos Olímpicos en un nivel alto?

El entrenador nacional, Ronald Johnson, fue quien trajo los sistemas de entrenamiento que eran muy similares a los de Estados Unidos y a los de Australia. Con esos modelos fue como nos hizo mejorar considerablemente y presentar un equipo competitivo.

¿Tenía información de sus rivales en la final de los 200 metros? Nunca se achicó...

Johnson se encargó de investigar cómo estaban entrenando los demás nadadores. Él tenía buena relación con los entrenadores americanos, y ellos le platicaban cómo practicaban los otros países sus series y los tiempos que hacían en ellas. No era como ahora, con los medios de difusión mucho más rápidos, pero sí sabíamos cómo sacarles ventaja.

Momentos antes de competir... ¿sabía de sus posibilidades?

Sabía que podía ganar. Johnson me dijo desde un principio que mis tiempos de entrenamiento no sólo eran para pelear las finales, sino para ir por las medallas.

Como ya le había ganado a Brian Job anteriormente, y él a mí,
Johnson me mencionó que esta era la oportunidad perfecta, al estar en la Ciudad de México y con la altitud a nuestro favor.

¿La altitud fue un aliado para ganar?

Sí fue una ventaja. Pero también los norteamericanos sabían y entrenaron en Colorado Springs.

Y los mismos soviéticos ya habían hecho estudios previos por lo que ya tenían conocimiento de cómo nadar en una altitud de más de 2 mil 250 metros sobre el nivel del mar.

¿Cuál fue la estrategia?

Era un nadador de más fuerza que de velocidad. Incluso antes de la final, Johnson me dijo que todos los nadadores eran más rápidos que yo, pero que era más fuerte que ellos. La estrategia era nadar la segunda parte más rápido que la primera. Ronald me aseguró que eso me daría una ventaja extra, porque nadie lo podía hacer y eso fue la clave principal.

¿Y después de ganar?

Me sentí muy satisfecho, porque estaba haciendo realidad el sueño que tenía desde que supe que los Juegos iban a ser en México.

¿Cómo festejó?

Lo que hicimos fue salirnos de nuestra rutina en cuanto a la alimentación y fuimos a comernos unos tacos. Le comenté al coach que hace mucho no me comía unos y entonces me llevó. Después nos regresamos a la Villa a descansar.

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