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jueves, 15 de noviembre de 2018

Jesús Zambada: "Chapo", líder, no lugarteniente

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Nueva York.— Al segundo día de juicio contra Joaquín “El Chapo” Guzmán, el gobierno de Estados Unidos empezó a mostrar sus cartas y presentar uno de los pesos pesados de su acusación. Su primer gran testigo, uno de los 16 cooperantes protegidos que se esperan en el proceso, fue Jesús Zambada García, “El Rey”, quién señaló directamente a Guzmán como líder del cártel de Sinaloa involucrado en el tráfico de decenas de toneladas de cocaína a Estados Unidos.

Zambada García es hermano de Ismael Zambada García, “El Mayo”, el mismo que la defensa de Guzmán quería identificar como único líder del cártel. “El Rey” lo negó, equiparando a su hermano y “El Chapo” como “socios” en la misma organización, ambos siendo dos de los “principales líderes” del cártel.

“Era una relación de trabajo, una sociedad de importación de cocaína, de narcotráfico”, explicó Zambada García, quién se autodefinió como “líder del cártel de Sinaloa”, encargado de los tres almacenes de droga que la organización tenía en Ciudad de México y responsable de la contabilidad de los cargamentos y su distribución. 

“El Rey” apareció en la sala de la corte federal del distrito este de Nueva York con el traje azul de presidiario, pelón y con gafas de montura negra, aparentando más edad de los 57 años que dijo que tiene.

Zambada García dio una clase para principiantes de cómo funcionaba el cártel de Sinaloa, los diferentes roles y jerarquías, detalles de cómo se manejaban los negocios. En todas las jugadas aparecía el nombre de Guzmán, si bien no con tanta vehemencia como hubiera querido la fiscalía.

“El Rey” no se calló nada, respondiendo serenamente y, en alguna ocasión, demostrando que entiende ni que sea alguna noción de inglés. Contó que él y su hermano, “El Mayo”, ayudaron a “El Chapo” a escapar de una persecución de las fuerzas especiales justo después de su primera fuga de la cárcel.

Hizo cuentas de cuán lucrativo era el negocio de la cocaína, donde un envío exitoso de 30 toneladas a Nueva York podía representar 390 millones de dólares para el cártel. En una ocasión, el propio Zambada García se asoció con “El Chapo” para una operación con una “inversión pequeña”, pero inversión al fin y al cabo.

Zambada contó la estrategia cooperativa del cártel, una ayuda colectiva que era vista como “una manera de volverse fuerte y protegerse”. Incluso podían llegar a compartir funcionarios gubernamentales corruptos para evitar incautaciones y tener seguridad en sus actividades. El cártel tenía en plantilla a comandantes de la PGR y de la policía federal de caminos, aseguró.
“Cada quién trae sus propias conexiones gubernamentales”, detalló el reconocido narcotraficante, respondiendo a las preguntas de la fiscalía sobre su rol en el cártel y sus responsabilidades y actividades. 

“El Rey” habló por casi tres horas, declaración extenuante que, sin embargo, todavía no ha terminado. La sesión del miércoles no acabó con las preguntas de la fiscalía, pero dejó un adelanto de cómo continuará mañana su declaración: su último contacto telefónico con “El Chapo”, en 2008, fue para pedirle “que hablara con Arturo Beltrán [Leyva] para hablar de un tratado de paz, porque había guerra”. 

Poco después de esa llamada, el hermano de “El Mayo” fue detenido; y cuatro años más tarde extraditado a EU, donde está encerrado en la misma cárcel que hospeda a Guzmán, el Metropolitan Correctional Center, identificado como preso número 05790-748. 

“El Rey” seguirá testificando durante toda la jornada del jueves.

Antes de Zambada, la fiscalía empezó a presentar las primeras pruebas. Pasaron por el estrado de testigos Carlos Salazar, un exfuncionario de aduanas que con ayuda de un vídeo dio un recorrido por uno de los presuntos túneles del cártel: una obra de ingeniería de más de 30 metros de largo que conectaba Douglas (Arizona) y Agua Prieta (Sonora) descubierto en 1990 bajo una mesa de billar y al que se accedía al elevar una plataforma gracias a un sistema hidráulico. Por ese túnel llegó a circular una tonelada de cocaína.

Otro de los testigos fue Robert Arnold, químico forense de la DEA retirado que, en su intento de explicar los análisis para detectar la pureza de la cocaína y su procedencia, fracasó al tratar pasar de kilos a libras, fallando un sencillo problema aritmético.

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