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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Lo nuevo contra lo viejo

Chicago, Illinois.— La elección intermedia de ayer determinará la distribución del poder en Estados Unidos hacia la elección presidencial de 2020. Por ello, el presidente Donald Trump hizo de este proceso un referéndum sobre su gestión. Con su demagogia y mentiras impuso los temas en el debate público.

Trump logró movilizar a su base en áreas rurales con residentes de clase trabajadora, mientras que los demócratas (con la desventaja de no detentar el poder) trabajaron para sacar a votar a sus simpatizantes en ciudades y suburbios con residentes más educados, acostumbrados a la diversidad y con una visión más cosmopolita.

En esta elección los jóvenes superaron por primera vez en las listas electorales a otros grupos demográficos, especialmente a los mayores de 50 años. El reto fue que participaran pues han observado históricamente una baja participación.

En el condado de Cook, asiento de la ciudad de Chicago y sus suburbios, la autoridad electoral anunció que los jóvenes representaron el bloque con mayor participación. Sin duda, una señal esperanzadora.

Fenómenos similares ocurrieron en Florida, donde la ciudad de Miami y su zona conurbada, así como otros centros urbanos como Orlando votaron masivamente por los demócratas. A pesar de ello, los republicanos sufragaron en localidades pequeñas logrando, al escribir este texto, una elección muy cerrada que se inclinaba a su favor.

En Texas, un estado tradicionalmente republicano, hubo otra elección cerrada al Senado. El demócrata Beto O’ Rourke fue la apuesta para desbancar al republicano Ted Cruz. Beto es considerado un político inspiracional que hace recordar a líderes como Barack Obama y John Kennedy que conquistaron el voto joven.

El hecho de que Texas tuviera una elección competitiva es suficiente para notar que algo ha cambiado. En la medida en que la generación Millennial asuma su responsabilidad en la vida cívica veremos que la diversidad y la tolerancia ganarán terreno para desterrar al racismo y el cinismo que hoy prevalece en la Casa Blanca.

En la lucha por el control del Congreso las cosas apuntan (con información parcial) hacia una victoria demócrata en la Cámara de Representantes y derrota en el Senado. Si se confirma, la Cámara Baja será el dique de contención a las locuras presidenciales. Mientras que la derrota en el Senado ilustra la inagotable capacidad demócrata de perder elecciones que debería ganar.

Si bien el legislativo federal es visto como el mayor premio, yo argumentaría que esta elección será recordada por otro resultado. Las gubernaturas y congresos estatales que los demócratas recuperen son vitales.

Los ejecutivos y legislativos estatales son responsables de dibujar los distritos electorales en sus entidades. Este proceso ocurrirá en 2020, impactando la competitividad política en la próxima elección presidencial. Por el momento, en Illinois y Kansas, los demócratas capturaron las gubernaturas, y lo mismo podría ocurrir en otras entidades del medio oeste —hasta ahora bastión trumpista—.

La curva democrática hará de Estados Unidos una nación más moderada, la cuestión es qué tan pronto ocurrirá. Para que lo nuevo derrote a lo viejo sólo hay dos caminos: que más jóvenes y moderados se muden a distritos rurales y voten ahí o, más razonable, que los jóvenes inunden las urnas, voten en grandes números en los centros urbanos y tomen el liderazgo que les corresponde.

Periodista

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